Autor: “Néstor Kohan”
Ray Bradbury en Nuestra América: Las bibliotecas bolivianas en peligro
¡Alerta de último momento! Aparecieron nuevas revelaciones extraídas del computador mágico de Raúl Reyes, eterna caja de Pandora que superó a Las mil noches y una noche por sus fantasías y relatos siempre renovados.

Según fuentes seguras, corroboradas por expertos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos, el afamado escritor Ray Bradbury era en realidad latinoamericano. Por fuera del circuito editorial respondía al nombre auténtico de Raymundo Bradburión y había nacido en un pueblo perdido de Guatemala.
Lo que hasta hace muy poco tiempo se consideraba su novela futurista y distópica más célebre, Fahrenheit 451, supuesta denuncia del macartismo estadounidense y desesperado llamado de alerta ante la posible quema de libros en tiempos de represión de ideas disidentes, en verdad se trataba de un diario de notas y crónicas costumbristas sobre la recurrente situación política de América Latina.
En todos los protocolos y manuales operativos de la Gestapo nazi y la CIA norteamericana se repite la misma enseñanza: el libro resulta mucho más peligroso para el orden establecido y la obediencia social que la dinamita, el TNT o incluso el uranio enriquecido. Quizás por ello, el general Videla y el almirante Massera, admiradores argentinos tanto de la Gestapo como de la CIA, hayan padecido idéntica obsesión por capturarlos, agruparlos en grandes pilas y someterlos al fuego (no está determinado si lo hicieron a 451 grados Fahrenheit o a su equivalente 232,8 grados centígrados, temperaturas en las que arde el papel). Pero lo que sí está comprobado e incluso fotografiado es que robaron e incendiaron un millón y medio [1.5000.000] de ejemplares pertenecientes al Centro Editor de América Latina (CEAL) dirigido por Boris Spivakow y los prendieron fuego en la mañana del 30 de agosto de 1980, en un terreno baldío de la localidad de Sarandí, en la zona sur del Gran Buenos Aires, Argentina.
Semejante temor ante los libros no era para menos. Cada proceso histórico de cambios sociales (sea revolucionario o incluso marcado por transformaciones profundas y reformas radicales) siempre viene acompañado de grandes ediciones de libros, folletos, revistas.
Durante los primeros y convulsionados años de la revolución mexicana, a inicios del siglo XX, se hicieron ediciones masivas de libros clásicos. Cuatro décadas más tarde, la revolución cubana la superó ampliamente publicando en forma masiva, al inicio, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha e implementando, más tarde, el sello “Ediciones «R»” [Ediciones Revolucionarias] hasta que finalmente, entre 1965 y 1968, se terminó de conformar el Instituto Cubano del Libro. Recuerda Rolando Rodríguez, primero director del Departamento de Filosofía en Cuba y luego director del Instituto Cubano del Libro: “La noche del 7 de diciembre de 1965 el compañero Fidel apareció en el Departamento de Filosofía y me llamaron a mi casa. Pensé que íbamos a hablar del tema que hasta ese momento veníamos tratando pero, al llegar él me entregó el libro Primavera silenciosa de Rachel Carlson y me preguntó: «¿dónde está editado?» Le respondí en España. Luego me entregó otro y de nuevo me preguntó: «dónde está editado?». Aunque extrañado por la obviedad contesté lo mismo. «Pues te equivocas», me señaló y me aclaró que el segundo era una reproducción idéntica del primero, pero estaba hecho en Cuba […] Fidel me dijo que constituye una vergüenza para el mundo que se bloquee un país en su cultura, en su educación, en la formación de su inteligencia. Vamos a declarar al mundo lo que vamos a hacer y puede proclamarse que cada una de estas reproducciones será una edición revolucionaria y no pagaremos derechos de autor […] Fidel definió también que estas obras no podían ser objeto de lucro alguno. Se entregarían gratuitamente a los estudiantes. Orientó ponerle una nota a cada libro que explicara las razones de aquella decisión […]. En enero de 1968 en el Congreso Cultural de La Habana se declaró la renuncia de los autores a sus derechos como tales. Las ediciones del Instituto del Libro, creado formalmente el 1 de septiembre de 1966, publicaban decenas de miles de ejemplares. El límite máximo lo alcanzaron el Diario del Che en Bolivia (impreso en secreto para adelantarse a la CIA y sus intentos de modificarlo…) de Ernesto Guevara, y La Historia me absolverá de Fidel Castro, con un millón de ejemplares cada uno” (Rodríguez, Rolando [1997]: “Génesis y desarrollo del Instituto Cubano del Libro”. La Habana, trabajo inédito s/edit). La revolución cubana inundó la isla de libros baratísimos, cuando no gratuitos. Por eso su lema durante los años “™60 fue “La Revolución no te dice «cree», la revolución te dice «lee»”.
Al poco tiempo, durante los escasos tres años que duró la experiencia de transformaciones radicales y reformas profundas encabezada en Chile por Salvador Allende la tarea de publicar masivamente libros populares volvió a la carga. Hacia noviembre de 1970, los trabajadores de la Editorial Zig-Zag pararon las actividades con el objetivo de que la empresa fuera integrada al Estado. El 12 de febrero de 1971, el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Allende compró el 40% de los activos de la Editorial Zig-Zag, y creó la Editorial Nacional Quimantú, que regó todo Chile de ediciones baratísimas y gratuitas, abarcando no sólo literatura para las clases trabajadoras sino también para el mundo infantil, disputándole la cultura de masas a la empresa estadounidense Disney. El financiamiento de esas ediciones masivas fue impulsado por el Estado chileno pero también ayudado desde la revolución cubana. Fidel Castro envió personalmente al presidente del Instituto Cubano del Libro, nuestro entrañable amigo Pablo Pacheco López, con una enorme suma de dinero destinada exclusivamente a apoyar y promover la nueva industria editorial del gobierno popular.
¡Ni drogas ni picanas ni otros instrumentos de tortura! (como habitualmente exporta el estado norteamericano… remember el escandaloso y tristemente célebre affaire de las drogas y las armas del caso “Irán/Contras” [venta ilegal de armas sumado al tráfico de drogas para financiar la contrarrevolución nicaragüense] o la tenebrosa Escuela norteamericana de las Américas… donde se educaron gran parte de los torturadores de nuestro continente). No. Nada de drogas ni picanas…. ¡Libros!

Esa herencia convertida ya en tradición cultural de los procesos sociales de cambio de Nuestra América revivió en la Nicaragua sandinista durante su época gloriosa, posterior al triunfo de 1979, con las campañas de alfabetización y la difusión gratuita de una incontable cantidad de material bibliográfico.
Y el tiempo no para. La historia no se detiene. ¿Quién no se acuerda del programa “Aló Presidente”, cuando dos décadas más tarde el líder bolivariano Hugo Chávez dedicaba cada domingo a dialogar con su pueblo, haciendo regularmente una pausa, tomando un libro ante las cámaras de TV, comentándolo en detalle y recomendándole a todo el público venezolano la lectura de algún autor marxista o de un clásico de la historia latinoamericana?
Fue el proceso bolivariano encabezado por Hugo Chávez el que digitalizó y puso gratuitamente on line el catálogo completo de la prestigiosa editorial venezolana Ayacucho, anteriormente con precios inalcanzables. ¡Libros gratuitos al alcance de todo el mundo! La editorial estatal “El perro y la rana” continúa editando en Venezuela a precios irrisorios, subvencionada por el estado bolivariano, incluso en plena crisis económica.
Coherente con esa decisión política-cultural, cuando el presidente Chávez se cruzó con el presidente Obama, por entonces al frente de la administración de la principal potencia de la Tierra, lo desafió públicamente… ¿Con misiles atómicos? ¿Con eventuales ataques terroristas? No, regalándole con una amable sonrisa en la boca el libro Las venas abiertas de América Latina del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Sencillamente lo trató de ignorante, con elegancia y sutileza, y lo invitó…. a leer y cultivarse. ¿Quizás por esa insolencia Chávez se murió de “un misterioso y desconocido” cáncer? ¿Quién sabe? Tal vez algún documento desclasificado lo revele en 30 ó 40 años.
Fiel y leal a esa extendida tradición nuestro-americana, el proceso descolonizador encabezado en Bolivia por el presidente indígena Evo Morales y su vicepresidente, ílvaro García Linera; ambos productos del poder acumulado por los movimientos sociales (indígenas, mineros y populares) lanzó desde su primera época una pujante política cultural y editorial. Tomaron la posta del México de Villa y Zapata, de la Cuba de Fidel y el Che, del Chile de Salvador Allende, de la Nicaragua de Carlos Fonseca y de la Venezuela bolivariana de Chávez.
El Estado Plurinacional de Bolivia, durante los tiempos de Evo Morales, editó y distribuyó por moneditas o incluso gratuitamente cientos de títulos y volúmenes. Sobre la historia de las rebeldías de los pueblos originarios, sobre las luchas de su clase obrera minera, sobre las experiencias de Tupac Katari y Bartolina Sisa, Zárate Wilka, la revolución de 1952, el Che Guevara e incluso gruesos volúmenes con textos inéditos en castellano nada menos que de Karl Marx. Lo hizo con un espíritu abierto, pluralista y ecuménico. Publicaron incluso a varios de los profesores y las intelectuales que ahora apoyaron bochornosamente el golpe de Estado contra el gobierno que les editó sus estudios y trabajos (¿Le publicarán los golpistas sus investigaciones? Sinceramente lo dudamos mucho). No hubo censura alguna. Y todo a precio popular o directamente gratis.

La más famosa de las propuestas editoriales, con amplio eco en la comunidad académica de Nuestra América y el estado español, fueron las ediciones de la Vicepresidencia y también de su Centro de Investigaciones Sociales (CIS). Allí se publicaron desde la revista-libro La Migraña hasta las enormes compilaciones en varios tomos de seminarios titulados Pensando el mundo desde Bolivia, con trabajos, intervenciones y ponencias de invitados e invitadas internacionales de primer nivel mundial. Sin olvidarnos de la valiosísima Biblioteca del Bicentenario, hasta llegar a los volúmenes inéditos en castellano de Karl Marx (inexistentes e inconseguibles en las grandes capitales editoriales de habla hispana como Barcelona, Madrid, México, etc. y muchas veces desconocidos incluso en las academias y centros especializados de Alemania, Inglaterra, Francia, Italia o Estados Unidos).
Pero las ediciones de la Vicepresidencia boliviana, impecables, pulcras, prolijas, aunque sean las más famosas, no fueron las únicas. Hay muchas otras que poco se conocen fuera de Bolivia.
Por su parte el Ministerio de la Presidencia compiló y editó varios volúmenes (en forma impresa y digital) con documentos cronológicamente organizados que prueban la persistente y repetida intromisión de los aparatos de inteligencia, económicos, religiosos y militares (incluyendo ONGs “inocentes e ingenuas” financiadas con sucios dólares gringos) de Estados Unidos en la sociedad boliviana. ¡A lo largo de un siglo entero! Una fuente documental de consulta imprescindible, en la estela de las investigaciones de Gregorio Selser y otros pensadores antiimperialistas del continente.
En paralelo se publicaron varios volúmenes, libros y materiales de estudio del Ministerio de Economía, información “secreta” en cualquier país capitalista o sólo al alcance de tres o cuatro tecnócratas que en el Estado Plurinacional de Bolivia se pusieron al acceso de todo el mundo para que la transparencia circule y los movimientos populares puedan conocer realmente cómo se cocina la gestión económica de un proceso político que redujo al límite mínimo la inflación, disminuyó notablemente la pobreza y fue uno de los pocos que creció, mientras todos sus países vecinos padecían crisis tremendas, desocupación, inflación, estancamiento industrial, descalabro absoluto de la balanza comercial, descenso brutal del PBI, exponencial aumento del endeudamiento externo, etc.
Y por si todo eso no alcanzara, el Ministerio de Trabajo (a contramano de lo que sucede en cualquier país capitalista, donde inevitablemente opera al servicio de los empresarios) publicó la formidable “Biblioteca laboral” con más de 80 libros que incluyen autores y autoras marxistas de Bolivia, de América Latina e incluso documentos y textos bolcheviques absolutamente inhallables ni siquiera en las editoriales especializadas más exquisitas, selectas y exclusivas del mundo.
Punto y aparte.
Golpe de Estado.
Nuevo punto y aparte.
¿Qué podemos esperar de estas hordas fanatizadas que, invocando la Biblia y un discurso religioso fundamentalista, han sido filmadas vejando y pegando con látigos a mujeres indígenas con pollera que iban con sus niños de la mano y cargaban sus bebés en las espaldas?
¿Qué podemos esperar de quienes prometen no sólo privatizar absolutamente todas las empresas estatales del pueblo boliviano sino además “erradicar el castro-chavismo-comunismo” mientras queman en instituciones públicas la histórica y emblemática bandera indígena Whipala?
¿Qué podemos esperar de quienes rompen inmediatamente relaciones diplomáticas con Cuba y Venezuela y abren sus puertas, sumisamente, a potencias extranjeras como Estados Unidos e Israel?
NO PODEMOS NI DEBEMOS ESPERAR NADA.
No podemos darnos el lujo de “esperar” a que quemen todos esos libros ni destruyan las páginas digitales donde están alojados aquellos cientos de volúmenes y materiales publicados a lo largo de 14 años del proceso descolonizador para, recién allí, salir a hacer petitorios inútiles, inofensivas declaraciones de correo electrónico o protestas indignadas a la OEA, institución cómplice del golpe de Estado. No. Nada que esperar. Ya tenemos experiencia histórica acumulada. Los ventrílocuos académicos que apoyaron el golpe de Estado, abierta o vergonzantemente, con buenas becas en la cuenta bancaria (provenientes de la GUGGENHEIM FOUNDATION, la FORD FOUNDATION, la USAID, la NED, etc.) y abultados dinerillos estadounidenses en el bolsillo, que se hagan cargo. Han cruzado una línea histórica difícil de volver atrás. HAN PERDIDO TODA CREDIBILIDAD.
Pero el campo popular en sus diferentes vertientes no tiene, no tenemos, NADA QUE ESPERAR.
Precisamente por eso, desde nuestra pertenencia a la Universidad de Buenos Aires-UBA (pública, laica, gratuita, masiva y con pretensiones de calidad) y desde la Cátedra “De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana” (Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales e Instituto de Estudios de América latina y el Caribe), donde hemos estudiado durante años estos materiales editados en Bolivia, hemos pedido ayuda a diversas páginas de información y cultura alternativa. Les hemos solicitado descargar rápidamente, migrar, alojar y republicar ese inmenso archivo editorial bibliográfico y hemerográfico, ANTES de que el golpismo fascista, fundamentalista y macartista, lo destruya.
Estamos profundamente agradecidos al profesor John William Quiroga Santa Cruz de la Universidad Popular de las Islas Canarias y a la doctora Tamara Bunke Mamani de la Universidad Libre de Berlin por haber gestionado la ardua y trabajosa tarea de preservar esas valiosísimas bibliotecas y archivos editoriales bolivianos, posibilitando alojarlos en varios otros sitios web. Por ejemplo en la página: www.lahaine.org [Materiales Bolivianos] (la más completa de todas).
Ahora los fascistas “restauradores de la democracia liberal y la supremacía blanca” (al estilo de la Sudáfrica que encarcelaba a Nelson Mandela) pueden, si no tienen otra ocupación más perentoria, intentar destruir lo que quieran. Perderían absolutamente el tiempo. Todo el material ya está protegido, grabado, resguardado. Si lo destruyen… el archivo completo y todas sus bibliotecas puede volver a ser fácilmente editadas y publicadas. El gran aporte durante los últimos catorce años de los pueblos bolivianos a la cultura emancipatoria de Nuestra América y universal está a salvo.
El escritor guatemalteco Raymundo Bradburión ya no tiene de qué preocuparse. Los libros, esta vez, resistirán el fuego.
15 de diciembre de 2019
En memoria de Rosa Luxemburg
“El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo”.
Rosa Luxemburg: Carta a Franz Mehring, febrero de 1916



[Prólogo al libro] “Un libro rojo para Lenin” de Roque Dalton
Prólogo a la obra “Un libro rojo para Lenin” de Roque Dalton, marxista revolucionario salvadoreño. ![]()
[Video] Lenin, la pregunta del viento
Diálogo con los compañeros y compañeras de la Escuela de cuadros de Vive TV (Venezuela bolivariana) sobre nuevo libro acerca de Lenin (publicado por editorial Trinchera).¿Reinstalar a Lenin en nuestros debates contemporáneos? ¿Tiene algo que decirnos o aportarnos?

La revolución bolchevique y América Latina
¿Por qué recordar los 100 años de la revolución bolchevique en Nuestra América? (Artículo publicado en el diario La Jornada de México)

[Video] Lenin: Siglo XXI
Intervenciones de Lucio Oliver, Gilberto López y Rivas y Nestor Kohan en la Jornada sobre “Lenin en el pensamiento latinoamericano del siglo XXI”. Organizada por el Centro de Estudios Latinoamericanos - CELA de la Universidad Nacional Autónoma de México - UNAM (marzo de 2017, México D.F., Auditorio “Ricardo Flores Magón” de la Facultad de Ciencias Políticas) y la Cátedra “De la teoría social de Marx a la teoría crítica latinoamericana” (Sociología, Universidad de Buenos Aires - UBA).
(Video) Lenin: pueblos originarios y problema nacional
La lucha rebelde de los pueblos originarios y la reflexión de Vladimir I. Lenin sobre el derecho de los pueblos y las naciones a la autodeterminación. De Marx y Lenin a José Carlos Mariátegui y el Che Guevara. Las enseñanzas de los procesos revolucionarios indolatinoamericanos y la revolución bolchevique. El etnomarxismo, la teoría del colonialismo interno y la teoría marxista de la dependencia. Desafíos actuales del marxismo de Nuestra América. [Para ver en Pantalla Completa se debe hacer CLICK en YOUTUBE dentro del video]
A 30 años del nacimiento de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

A 30 Aí‘OS DE LA FUNDACIÓN DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES-UBA
“Se cumplen 30 años de la fundación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Su fisonomía con 5 carreras es fruto de una derrota”. Así comienza su opinión en una red social el compañero Pablo Bonavena, profesor e investigador de la carrera de Sociología, integrante de la CONADUH, sindicato al que yo también pertenezco. Y a continuación pega un recorte del diario CLARIN del viernes 26/8/1988, dando cuenta de aquel hecho, donde la facultad se funda rodeada de “un vasto operativo”, con personal uniformado, carros de asalto y vallas policiales, para impedir acercarse al movimiento estudiantil, solicitadas por el tristemente célebre rector Oscar Shuberoff (aquel mismo que había comprado propiedades en EEUU con fondos públicos). Recorte periodístico que personalmente yo no tenía. Agradecido por el recorte de archivo. Y agrego que coincido con ese diagnóstico: dejando de lado la vergüenza de la presencia policial ya desde su fundación, una Facultad de Ciencias Sociales con 5 (cinco) carreras fue y es producto de una derrota.
Antes de ser docente e investigador, desde la militancia en el movimiento estudiantil recuerdo asambleas masivas de muchas facultades (por ejemplo una realizada en la facultad de odontología, si la memoria no me falla) donde la mayoría reclamábamos: POR UNA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DE 14 (CATORCE CARRERAS). No era cuestión de números. Aunque hoy la lucha de resistencia quedó reducida principalmente a “mayor presupuesto” y “mayor salario” y a vivir siempre A LA DEFENSIVA…, frente a los recurrentes ataques neoliberales y privatizadores”” se trataba entonces y se trata hoy de replantearnos la defensa de la universidad pública, gratuita, laica, masiva y de alta calidad.
En ese horizonte, la cuestión pendiente, siempre postergada, continúa siendo la reunificación de las ciencias sociales. Es decir, el intento de revertir la sangría ejecutada por las intervenciones a la universidad de Alberto Eduardo Ottalagano y Oscar Ivanissevich de septiembre de 1974 (tras el rectorado efímero al frente de la UBA del historiador marxista Rodolfo Puiggrós) y la destrucción sistemática llevada a cabo por la dictadura militar de 1976-1983, la clausura de materias y el cierre de carreras, el desmembramiento de facultades completas, la manipulación de las cátedras y concursos, la pulverización de las bibliotecas y la quema de libros; y lo más trágico de todo: el exilio forzado o directamente el secuestro y la desaparición de miles de estudiantes y docentes.
En la introducción al libro-antología CIENCIAS SOCIALES Y MARXISMO LATINOAMERICANO (Buenos Aires, Editorial Amauta Insurgente, 2014) desde nuestra cátedra de Sociología intentamos fundamentar en el plano epistemológico aquella reivindicación político-pedagógica que propugna la reunificación, hoy fuera de la agenda, de las ciencias sociales, incluyendo las carreras y “disciplinas” que se estudian en las facultades de economía, psicología, filosofía y letras y ciencias sociales (puede consultarse el texto de fundamentación en el siguiente link: http://cipec.lahaine.org/?page_id=4).
Entre otras fuentes teóricas allí utilizadas, nos apoyamos en un libro clásico del pensador marxista argentino Ernesto Giudici: EDUCACIÓN, REVOLUCIÓN CIENTíFICO-TÉCNICA Y REORGANIZACIÓN UNIVERSITARIA (Buenos Aires, 1966, publicado poco tiempo antes de “la noche de los bastones largos”, cuando el general dictador Onganía muele a palos los cerebros universitarios y todo lo que esté vinculado con la ciencia).
Allí, en la mencionada obra, Giudici sugirió la creación de un ciclo común a todas las carreras de la UBA, priorizando un ángulo metodológico basado en la lógica dialéctica y en la categoría de “totalidad” que Marx empleara en los GRUNDRISSE (la primera redacción de EL CAPITAL). Lo hacía oponiéndose abiertamente al cientificismo empirista de Mario Bunge, Gino Germani y todos los partidarios de la “departamentalización” de la UBA, proyecto que en nombre de la “modernización” (con abultados y sucios dineros de la Fundación FORD-CIA) se intentaba desplegar desde los tiempos del presidente Arturo Frondizi y la polémica de alcance nacional “laica o libre” (1958) que enfrentó a quienes defendían la universidad pública con los negociantes, “en nombre de Dios”, de los dinerillos privados.
La propuesta de ciclo metodológico común que en 1966 promovía Giudici apuntaba expresamente sus dardos contra la fragmentación neopositivista del conocimiento científico y del proceso de enseñanza-aprendizaje que se venía implementando desde 1958. En dicha fragmentación “modernizadora”, cada materia ya no debería pertenecer a una carrera específica ni a un objeto de estudio delimitado sino que debía ser concebida, en nombre de “la ciencia” (así, en forma genérica, sin apellidos ni contextualización histórico-social alguna), como un comodín manipulable, pasible de ser empleada por cualquier disciplina… o incluso empresa capitalista, como si la metodología pudiera ser meramente lógico-formal-instrumental y neutralmente valorativa. No casualmente la “inocente” Ford Foundation depositó gruesos billetes verdes a favor de dicho proyecto en la carrera de Sociología dirigida por Germani (las fuentes más confiables hacen referencias a un cuarto de millón de dólares para una carrera que no llegaba a 100 estudiantes).
La crítica epistemológico-pedagógica de Giudici volcada en su libro de 1966 prolongaba la huelga estudiantil de 1963 encabezada por el sociólogo desaparecido Daniel Hopen contra el empirismo abstracto de las materias de “Método” que Gino Germani, inspirado en la sociología estadounidense, había impuesto en la Carrera de Sociología de la UBA desde 1958 en adelante. Por esos mismos años el historiador Milcíades Peña también se había empeñado en polemizar contra el empirismo de Gino Germani a propósito de la obra LA IMAGINACIÓN SOCIOLÓGICA de Wright Mills.
En EDUCACIÓN, REVOLUCIÓN CIENTíFICO-TÉCNICA Y REORGANIZACIÓN UNIVERSITARIA Giudici defiende el carácter holista y totalizante de las ciencias sociales, problemática sobre la que había discutido desde 1957 con otro pensador marxista argentino: el pensador Carlos Astrada (recordemos que para Marx y Engels, ya desde LA IDEOLOGíA ALEMANA, la concepción materialista y multilineal de la historia es la nave madre de todos los estudios sociales, económicos, políticos y culturales). Por eso Ernesto Gudici proponía un ciclo unificador común a todas las disciplinas de la UBA que permitiera al movimiento estudiantil adquirir herramientas histórico-metodológicas de estudio e investigación.
Después de dos dictaduras contrainsurgentes, cívico-político-militares (la de 1966-1973 y la de 1976-1983), la propuesta de Giudici no tuvo asidero en la Universidad Argentina. Se impuso, en cambio, algo completamente distinto aunque tuviera un nombre similar.
Tras la derrota de Malvinas de 1982 y la retirada pactada de la dictadura militar de 1983, desde 1985 en adelante, los intelectuales vinculados al partido UCR (Unión Cívica Radical, HOY APÉNDICE DEL MACRISMO), con su brazo estudiantil conocido como Franja Morada, a contramano de la perspectiva dialéctica original de Giudici, bastardearon esa propuesta pedagógica y la convirtieron, de la mano del sociólogo Francisco Delich y varios “post marxistas”, en el tristemente célebre CBC (Ciclo Básico Común). Engendro pedagógico nacido del neopositivismo y el desgajamiento del conocimiento en fragmentos aislados e inconexos (antesala del posmodernismo por entonces en boga que Delich y otros colegas suyos trajeron del París post-1968).
Desde su fundación, el sociólogo y rector de la UBA Francisco Delich definió al CBC sin ambigüedad como “una playa de estacionamiento” (sic), es decir, la ilusión clase-mediera de ingresar a la Universidad durante algún tiempo, dejando afuera a quienes no venían de una escuela secundaria de cierto nivel (léase: los sectores periféricos provenientes de familias trabajadoras de un circuito con escolarización de bajo estándar). En concreto: un filtro para la masa estudiantil popular que neutralizara las propuestas de fondo, cambiando pequeños detalles de forma para que la vieja y anticuada universidad y sus minoritarios y jerárquicos claustros medievales siguieran gestionando una masa de dinero gigante “a gusto y piacere”, al costo de una Universidad e instituciones de Ciencia, Técnica e Investigación cada vez más subordinados al Mercado y las empresas privadas.
¡Bien lejos de la Reforma Universitaria de 1918 de la que la Franja Morada (brazo estudiantil de Delich y su camarilla de amigotes), tramposamente, se proclamaba “heredera”! Una manera elitista de presentar como “popular” y “democrático” lo que prolongaba el elitismo de los arcaicos y sucios exámenes militares para ingresar a la UBA.
En ese clima cultural tan particular, en 1988 se crea la Facultad de Ciencias Sociales, sobre el subsuelo epistemológico del neopositivismo cristalizado en la materia “Introducción al conocimiento científico” (IPC) y el cada vez más extendido posmodernismo, promovido entonces desde el CBC por figuras banales y mediáticas como Tomas Abraham (luego admirador de Domingo Cavallo y hoy de Mauricio Macri).
Recuerdo el relato que me transmitió un ex marxista, ex vicedirector de la Biblioteca Nacional (que hoy publica sobre Marx y los primeros viajeros a la Unión Soviética con sellos editoriales directamente… macristas, ya sin mediaciones, cuidados ni vergüenza alguna), cuando me confesó “la Carrera de Sociología nos la repartimos en un bar en la segunda mitad de los años 80″. Sí, nada de concursos, evaluaciones científicas ni seriedad académica. ¡En un bar! Era un secreto a voces. Lo sigue siendo.
Esa es la triste realidad que no siempre resulta accesible al movimiento estudiantil, incluso el más entusiasta, participativo y militante. Una realidad mediocre, encubierta luego con mil reglamentos, disposiciones burocráticas, resoluciones administrativas, concursos amañados y “caballos del comisario” que ganan cualquier carrera, pasada, presente o futura, antes de que se inicie. En una facultad repleta de profesoras y profesores que trabajan durante largos años gratis en nombre del idioma latino (”ad honorem”) y donde hay docentes que tienen que concursar tres o cuatro veces su mismo cargo mientras otros, o sea, los que “saben negociar” (guiñada de ojo de por medio…), llegan a jubilarse sin haber tenido que pasar por el stress de un concurso en toda su carrera académica.
Por aquellos mismos años 80, cuando se fundaba la Facultad de Ciencias Sociales mientras Delich y el Club de Cultura Socialista no sólo monopolizaban la dirección de la UBA y el CBC, sino también posgrados, cátedras, editoriales, suplementos culturales masivos y todo un repertorio de recursos sociales típicos del “homo academicus”…. un historiador de reconocimiento mundial, que dio clases en Frankfurt (además de haber estado prisionero en campos de concentración del general Pinochet) como Luis Vitale perdía su concurso en la Carrera de Sociología de la UBA “¡por… no haber utilizado el pizarrón!” (Aquí iría un… GIGANTE EMOTICÓN DE BURLA). Algo muy similar a lo que le había sucedido unos 15 años antes al sociólogo y politólogo Silvio Frondizi (asesinado en 1974 por el terrorismo anticomunista de la Triple A) en diversas facultades. Lejos quedaba “la época gloriosa” de la UBA, de las publicaciones célebres de EUDEBA en tiempos de Boris Spivakow y los cinco premios Nobel de la universidad pública argentina.
La crisis actual no es sólo hija de los CEOS ignorantes, mediocres y privatistas del macrismo, enemigos declarados de la UBA, del CONICET, de la escuela pública, de los profesorados y de todo lo que tenga el perfume irreverente de la gratuidad, la masividad, los sectores populares, las bibliotecas y los libros.
Nuestra crisis viene de lejos y no deja de profundizarse.
A 100 años de la Reforma Universitaria de Córdoba y 30 años del nacimiento de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA sigue pendiente una verdadera reunificación de los saberes sociales. Proyecto que sólo se logrará con la participación masiva en las luchas universitarias, la democratización a fondo y el enfrentamiento sin medias tintas contra los privatizadores (de afuera y de adentro) y el Mercado.
NESTOR KOHAN
(lunes 10 de septiembre de 2018)
www.cipec.lahaine.org
[Video] “Haití en el marxismo latinoamericano” - Entrevista al Dr. Ives Dorestal
Entrevista sobre “HAITí EN EL MARXISMO LATINOAMERICANO” a Ives Dorestal (profesor haitiano, gran erudito del marxismo mundial, Doctor en Filosofía por la Universidad de Frankfurt [Alemania], cuya tesis fue dirigida por Alfred Schmidt). Dorestal es biógrafo de Jacques Roumain (1907-1944), fundador del comunismo haitiano. La entrevista de «Brancaleone Films» fue realizada por Néstor Kohan en Casa de las Américas [Cuba, 2018], en una Escuela de posgrado de CLACSO y el Instituto de Filosofía de la Habana. Colaboraron Carla Valdés León y Claudia Ruiz Lorenzo del Colectivo Micromundo (Cuba).
San Martín y el proyecto inconcluso de la Patria Grande
Breves líneas sobre el Libertador del Sur, fragmento del libro sobre «Simón Bolívar y nuestra independencia» (que analiza la relación entre ambos libertadores).
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